Históricamente, las mujeres criaron a sus hijos acompañadas y sostenidas por una red comunitaria, pero en la actualidad, muchas madres atraviesan este proceso aisladas en un departamento y sin nadie que las releve.
Para la Dra. Bianca Parra, médica especialista en Medicina Integrativa del Estrés, esta “falta de tribu” representa uno de los factores de riesgo más subestimados en lo que respecta a la salud mental materna.
Durante las primeras semanas del postparto, el sistema nervioso de la mujer queda atrapado en un modo de alerta constante, justo en el momento en que más necesita recuperarse.
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Al combinarse la caída en picada de las hormonas con la privación del sueño profundo, el cerebro pierde la capacidad de regular las emociones y de frenar las reacciones impulsivas. La especialista explica que el cuerpo interpreta cada llanto del recién nacido como una alarma real, y sin un descanso adecuado, resulta imposible apagar ese estado de emergencia.
En un cerebro exhausto y sin una red de apoyo presente, la madre pierde flexibilidad mental, llevándola a pensar en blanco y negro, e incluso a sufrir pensamientos intrusivos ante la sensación de encontrarse sola y sin salida.
¿CÓMO DEBE ACTUAR LA TRIBU?
Frente a una madre sobrepasada por la situación, las buenas intenciones de los familiares o amigos no siempre resultan efectivas. La Dra. Parra es categórica al respecto: el entorno debe dejar de preguntar “¿en qué te ayudo?”.
Esta simple pregunta le suma trabajo y carga mental a una cabeza que ya no tiene la capacidad de organizar una lista más. En su lugar, la tribu debe intervenir asumiendo tareas concretas sin pedir instrucciones, ejecutando acciones directas como encargarse de los turnos nocturnos, cocinar o lavar las cosas sucias.
La manera en que el entorno se comunica también es fundamental para la contención. Parra señala que se debe escuchar a la madre sin apresurarse a darle soluciones, priorizando siempre validar su sentir antes que aconsejarla.
Comentarios clásicos y bienintencionados como “tenés que disfrutar” o “al menos el bebé está sano” son profundamente perjudiciales, pues invalidan las emociones de la mujer y le suman la culpa de no estar sintiendo lo que la sociedad dicta que “debería” sentir.
LA COMUNIDAD COMO PARTE DEL TRATAMIENTO
Ninguna mujer debería transitar la maternidad temprana en soledad; la contención no es una tarea exclusiva de la pareja, sino de la familia extendida, las amigas y toda la comunidad que la rodea. Rodearse de otras personas y proteger el sueño de la madre no es un lujo ni algo secundario, sino que la especialista lo considera como parte del tratamiento preventivo, al mismo nivel que cualquier indicación médica.
Si a pesar de contar con apoyo, descanso y comunidad, la madre experimenta una desconexión emocional, o siente que no puede cuidarse mínimamente más allá de las dos semanas iniciales, es imperativo buscar ayuda profesional idónea sin demoras ni culpas.
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Desde su propia experiencia personal, tras haber atravesado un postparto durísimo marcado por la severa privación de sueño, la Dra. Parra deja un mensaje claro para las madres: pedir ayuda no es sinónimo de fracaso, sino lo más inteligente que pueden hacer.
Finalmente, insta a las mujeres a darse el permiso de hacer cosas que les gusten, recordando que cuidarse a sí mismas no es un acto de egoísmo, sino, probablemente, la forma más profunda y efectiva de cuidar a sus propios hijos.
