Las pruebas PISA son exámenes internacionales estandarizados que miden las habilidades y los conocimientos de los estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias.
Si bien los resultados fueron negativos a nivel mundial (91 países evaluados), salvo excepciones, esto no es un consuelo para el Paraguay, ya que no solo obtuvimos malos resultados, sino que, en comparación con mediciones anteriores, retrocedimos prácticamente al último lugar en Latinoamérica (11 de 13 lectura, 13 de 13 en matemáticas junto a Guatemala, 12 de 13 en ciencias)
Sofía Scheid, doctora en Educación y magíster en gestión educacional, analiza la evaluación desde la raíz y comienza con una crítica de diseño del programa en sí, al señalar que una medición de habilidades a los 15 años es tardía, pues las capacidades del cerebro deben consolidarse desde el preescolar.
Al margen de esto, para Sheid, los paupérrimos números obtenidos reflejan que el sistema educativo nacional es una fábrica de producir semianalfabetos, lo que a su vez genera consecuencias a largo plazo como limitaciones en la productividad, dificultades en el acceso al mercado laboral y, finalmente, un verdadero obstáculo al desarrollo nacional.
“Los resultados que Paraguay tiene son alarmantes; debemos tomar medidas urgentes a partir de determinar las causas. No podemos quedarnos a discutir, a que se politicen estos diagnósticos”, opinó Sheid en una entrevista con el programa Así con las cosas.
El ministro de Educación, Luis Ramírez, adujo como una de las causas el sistema implementado durante la pandemia, cuando las clases se desarrollaban a distancia, las tareas se enviaban por Whatsapp y hasta las evaluaciones se tomaban con este método.
Consultada al respecto, Scheid coincidió con el titular del MEC en ese aspecto. “Totalmente, hay varias causas que se retroalimentan y eso fue un experimento que toda la educación del mundo sufrió porque no estaban preparados (los alumnos) para un aprendizaje digital ni mucho menos para la transferencia del proceso a través de dispositivos tecnológicos”.
La doctora le agregó otro aspecto que nadie tuvo en cuenta: el cambio de formato en la evaluación Pisa, que se hizo por primera vez con una tablet, incluso para niños que nunca en su vida habían tenido en sus manos un dispositivo como este y que, sobre la marcha, se vieron obligados a utilizarla y a enfrentar una doble dificultad.
Para Scheid, el programa PISA es un proyecto que debe intervenir en ambos sectores: estudiantes y docentes. Además, es necesario un compromiso de la familia.
Otra de las falencias es que, a nivel local, no existe una investigación educativa basada en evidencia y el Estado carece de herramientas para medir el aprendizaje en tiempo real.
Un elemento que entorpece es el consumo de contenidos rápidos, servidos y sin profundidad que se encuentran en las redes sociales y que impiden que el alumno reflexione, razone y comprenda un texto, afectando su autonomía cognitiva y su capacidad de lectura.
EL CAMINO
La malla curricular hoy cuenta con una gran cantidad de asignaturas. Esto, sin embargo, no se traduce en riqueza de contenido. Por ello, la doctora Sheid recomienda establecer prioridades.
Declarar como prioridad nacional la enseñanza de la lectura, la comprensión lectora y las matemáticas básicas.
Un proyecto curricular que se debe trabajar desde el preescolar hasta el tercer grado con estas habilidades fundamentales como prioridad. Al mismo tiempo, las maestras de preescolar a tercer grado deben trabajar la misma habilidad que necesitan lograr para que ellas enseñen esa habilidad.
Plan pedagógico con estándares claros por grado: ¿qué queremos que sepa en preescolar? ¿Qué queremos que sepa en primer grado? Ejemplo. En primer grado, un niño en un minuto debe leer fluidamente 55 palabras.
Tecnología de monitoreo: sistemas de software y alertas tempranas que permitan a los docentes y al Estado monitorear mensualmente si cada alumno está avanzando o queda rezagado en relación al plan.
Continuidad y acuerdo político: la política educativa debe hacer acuerdos políticos con los municipios para garantizar la continuidad de las políticas educativas. Para Scheid, el político del territorio es el que puede colaborar y hacer que la gente se enganche a este proceso de rehabilitación de esta enfermedad.
