Hace siete años, la muerte de su esposo abrió un período de duelo. Pascuala, que entonces ya tenía una máquina de coser y una experiencia acumulada durante toda una vida, encontró en la costura una manera de volver a sentirse activa, acompañada por sus propias manos y, con el tiempo, también económicamente independiente.

Así nació Creaciones de Pascuala, un emprendimiento que comenzó casi como una idea doméstica y terminó convirtiéndose en una historia que llamó la atención en las redes sociales.

“Me siento todavía útil”, cuenta Pascuala con una sencillez que resume buena parte de su historia.

A punto de cumplir 76 años, la costurera trabaja desde su casa en San Lorenzo, donde confecciona productos textiles personalizados como loncheras, cartucheras, individuales, bolsos, portatermos y otros accesorios.

Pascuala no estudió formalmente costura. Su primera maestra fue su madre, también costurera. “Aprendí de mi mamá”, recuerda durante su visita al programa Residentas, del canal GEN.

Su familia es oriunda de Concepción y, durante su juventud, vivió en la zona rural. Después de casarse, comenzó una vida marcada por distintos traslados junto a su marido, primero a Pedro Juan Caballero, luego a Yby Yaú y, finalmente, a otras ciudades, acompañando las necesidades laborales de la familia y buscando también oportunidades educativas para sus seis hijos.

Durante años confeccionó prendas y diferentes tipos de ropa. También cosía mientras acompañaba a su marido en su actividad laboral. Era un oficio que conocía profundamente, aunque nunca había pensado en convertirlo en un emprendimiento propio.

La idea apareció después de su viudez. Un día le comentó a su nieta que quería comenzar a vender las cosas que hacía y que tenía guardadas en una caja. Su nieta le creó una cuenta y mostró sus trabajos en las redes sociales. Los pedidos llegaron casi al instante.

Una de las particularidades de Pascuala es que continúa aprendiendo. Se inspira en videos de YouTube para sus creaciones. Cuenta que, durante la siesta, suele acostarse a mirar modelos y tendencias. Después se levanta, toma la máquina y prueba. Mediante esto logró ampliar su catálogo.

Las loncheras se encuentran entre los productos que más pedidos reciben. También confecciona cartucheras, individuales, bolsos, portatermos y diferentes artículos que pueden realizarse de acuerdo con las preferencias de cada cliente.

La historia tiene además su aspecto económico. Su marido era jubilado y, según cuenta, le dejó algunos recursos para afrontar sus gastos. Hoy, a través de su trabajo, Pascuala genera su propio dinero.

Su casa se convirtió en su espacio de trabajo. Cuando sus familiares salen a trabajar, ella se queda sola y aprovecha el tiempo para avanzar con los pedidos.

Después de haber dedicado buena parte de su vida a la familia y a acompañar a su marido, ahora tiene algo que lleva su nombre.

“No hay nada imposible si uno se esfuerza”, resume e insta a que las mujeres se animen a lo que desean realizar.

“Primero hay que quererse”, afirma cuando le preguntan qué les diría a otras mujeres que atraviesan momentos difíciles.