Expresar los sentimientos con alguien que transmita la confianza necesaria para abrirle el corazón no es fácil a ninguna edad, aunque puede ser especialmente difícil en ciertas etapas de la vida, como la adolescencia, momento en que los hijos comienzan a tomar distancia en su trato con los padres y tienden a preferir evitar conversar con ellos.

Durante muchos años — incluso hasta ahora, pero tal vez con menos fuerza— se ha pensado que hablar del suicidio era una forma directa de fomentarlo, cuando en realidad, en la mente de una persona que piensa en esta idea hay mucha carga no procesada, y lo que necesita precisamente es desenredar esos nudos a través de la conversación.

Viviana Barros, psicóloga infanto-juvenil, recuerda que la persona que piensa en la autoeliminación, si bien es alguien con depresión en la mayoría de los casos, esta no es la única causa; también se pueden encontrar otras patologías como adicciones, trastornos mentales sin diagnosticar o sin el tratamiento adecuado ni medicación.

Los factores de una depresión son variados. Existe la depresión endógena en la que, sin razón aparente, la persona comienza a sentirse mal y a presentar todos los síntomas.

“A nivel cerebral están pasando cosas, una persona con depresión tiene problemas de neurotransmisores, de químicos cerebrales, está faltando la serotonina, por eso los psicólogos derivamos a los psiquiatras, porque solo la terapia no funciona, hay que tener un tratamiento multidisciplinario”, comentó Barros, en una entrevista con el programa Residentas.

LA ESPIRITUALIDAD, ALGO MUY PERSONAL

La espiritualidad es muy importante para los que quieren desarrollarla y tienen fe, pero tampoco se puede obligar a alguien a creer en Dios. Además, tampoco significa que alguien que piense en el suicidio no crea en Dios.

“En la Biblia misma había personas de fe que quisieron morir y no era que no conocían a Dios o que no tenían un camino espiritual”, recalcó la profesional, al tiempo de señalar que, incluso, muchos psicólogos y psiquiatras pasaron por lo mismo.

RELACIÓN ENTRE PADRES E HIJOS: LA DISTANCIA NO SIEMPRE ES MALA

En la adolescencia, es típico y normal tomar distancia y no contarles todo a los padres. Esto forma parte del desarrollo y los padres no deben tomarlo como algo personal ni como señal de que ellos estén fallando.

Un error común de los padres es minimizar los problemas de sus hijos, al calificarlos de “tonterías”. Lo apropiado es validar sus emociones, lo cual implica escuchar activamente, mostrar interés real y no menospreciar su dolor, ya que para ellos sus problemas representan “un mundo”.

“Lo que se sugiere siempre con el adolescente es la negociación, no decirle no de entrada, porque si te está contando, te está abriendo su corazón de entrada le decís, esto está mal, hiciste mal, hay que dejarle que se exprese y buscar el momento oportuno para hablarle, pero con confianza”, comentó.

Explicó que lo importante es hablar, pero no con un tono de juez, como cuando se le dice a alguien que tiene todo para ser feliz, pues en lugar de abrirse, la persona se va a cerrar y a sentirse culpable.

Además, es fundamental fomentar el pensamiento crítico, llevar a alguien a cuestionarse qué sucede, por qué pasan las cosas, hacer una reflexión personal sobre qué conviene o no.

AYUDA PROFESIONAL Y ACOMPAÑAMIENTO

Cuando un adolescente presenta pensamientos suicidas, la red de apoyo es importante y la primera es la familia, que debe ser informada e incluida en el proceso terapéutico. Esto puede incluir psiquiatría y consumo de medicamentos complementarios.

“No es que la persona no quiera sentirse bien o no ponga de su parte; no puede sentirse bien porque hay un tema que tiene que tratar, que tiene que trabajar y equilibrar, pero el mensaje que queremos dar es que se puede salir de la prevención, pero no tenemos que esperar a tocar fondo; hay que pedir ayuda”, afirmó. Este problema es más común de lo que se cree, pese a que no tenga la suficiente visibilización.