Por Brian Vicésar. @brianvicesar
Una regadera, una bicicleta, una carretilla o una moto Vespa pueden convertirse en objetos de lujo. Incluso un Citroën 2CV puede cambiar de aspecto bajo una cubierta de cuero. Para Carolina Sánchez de Movellán, empresaria española y fundadora de Sol & Luna, el límite está en la imaginación. Su propuesta consiste en tomar objetos cotidianos y transformarlos en piezas extraordinarias a través del cuero natural, el diseño y el trabajo hecho a mano.
Hija del marqués de Movellán y licenciada en Periodismo, Carolina trabajó durante una década en agencias de comunicación antes de cambiar el rumbo de su carrera. En 2003 fundó Sol & Luna, una firma de decoración y artesanía de lujo con sede en Madrid. En el centro de ese proyecto, desde sus primeros pasos, estuvo Paraguay.
La relación comenzó en 1998, cuando a su marido le ofrecieron comprar una estancia ganadera en el Chaco paraguayo. El viaje que parecía una oportunidad de negocios terminó convirtiéndose en una historia de afecto por el país y de descubrimiento de sus oficios tradicionales.
“Llegó, se enamoró enseguida de este país tan maravilloso y montó una estancia ganadera”, contó Carolina durante una entrevista en el programa Residentas, emitido por GEN. Mientras conocían el entorno, también descubrieron una artesanía que les llamó especialmente la atención: el cuero trabajado a mano y decorado con una técnica de punto de cruz.

La primera fuente de inspiración fue una imagen cotidiana para cualquier paraguayo: el termo forrado, acompañado de la guampa y el tereré. Lo que para muchos formaba parte de la rutina, para Carolina tenía un potencial de diseño que podía conquistar otros mercados.
“Veíamos a todo el mundo con su termo forrado y bebiendo tereré. Decíamos que esto es una maravilla”, recordó. A partir de esa observación comenzaron a desarrollar termos de distintos tamaños, conservadoras, bandejas y otros accesorios, con la idea de llevarlos a España.
La combinación del diseño español y la mano de obra paraguaya resultó muy atractiva. El proyecto creció desde los objetos pequeños hasta incorporar muebles, sillas y taburetes, una etapa que abrió las puertas a nuevos clientes, entre ellos hoteles y restaurantes. Hoy, las piezas de Sol & Luna llegan desde Paraguay a España y, desde allí, se distribuyen a distintos puntos del mundo.
“Convertir lo ordinario en algo extraordinario” es la premisa que define el trabajo de la firma. En su catálogo, el cuero deja de ser un simple revestimiento para convertirse en protagonista de objetos que llaman la atención por su originalidad. El material aparece en superficies, estructuras y muebles, con una estética que combina funcionalidad y artesanía.

Una de las características que Carolina defiende es la naturalidad del material. En lugar de cubrir las pieles con pinturas para conseguir un color uniforme y una apariencia perfecta, Sol & Luna trabaja con cuero de curtición vegetal y tintes naturales. La marca del animal y hasta el sello de la ganadería pueden quedar a la vista.
“Nos gusta que el cuero sea cuero”, explicó. Las irregularidades, las marcas y las diferencias entre una pieza y otra forman parte de su identidad. La firma no busca que todos los objetos sean idénticos, por lo que apuesta por la singularidad que aporta la materia prima y por las manos que la transforman.
Esa filosofía también se refleja en la manera de producir. Carolina sostiene que el trabajo artesanal paraguayo permite que cada persona conozca las distintas etapas del proceso, ya sea desde el tratamiento de la piel y el manejo de su elasticidad hasta la costura con punto de cruz y la terminación del producto.
En el taller, la labor se desarrolla a mano, sin depender de máquinas para realizar las tareas que definen la pieza. Los artesanos pueden participar en todo el proceso y reconocer el resultado de su trabajo en cada objeto terminado.
La empresaria asegura que esa capacidad despierta sorpresa en Europa, donde no siempre se encuentra una producción artesanal que reúna todos esos conocimientos en una misma persona. Para ella, ese dominio del oficio es una de las grandes fortalezas del equipo paraguayo.
La participación paraguaya no se limita a la provisión de materia prima. El país ocupa un lugar central en la producción de la marca, que trabaja con artesanos y otros oficios necesarios para fabricar sus piezas.
“Sol & Luna sin Paraguay no sería nada”, afirmó Carolina. En los talleres participan trabajadores especializados en cuero, herreros y carpinteros. Cada uno aporta sus conocimientos para transformar las ideas de diseño en objetos terminados.
La firma tiene dos colecciones y una de las más importantes se produce en Paraguay. Desde aquí se elaboran las piezas que luego viajan a España, donde se ensamblan y se distribuyen a distintos mercados internacionales.
Estados Unidos es uno de los destinos donde sus productos despiertan especial interés. La posibilidad de adquirir una pieza elaborada a mano, con características propias y una historia detrás, representa un atractivo para clientes que buscan objetos diferentes.
La producción artesanal permite, además, que cada pieza conserve la huella de quien la hizo. Carolina explicó que los trabajadores dejan una pequeña marca que permite identificar al responsable de cada creación durante los controles de calidad. Así el producto lleva la firma de su artesano.

La empresaria destaca que quienes trabajan en el taller dominan todas las etapas del proceso. Saben cómo tratar la piel, humedecerla, reconocer su elasticidad, coserla con punto de cruz y dar los acabados finales. Esa formación integral es una de las características que más sorprenden cuando presenta el trabajo paraguayo en Europa.
“En Europa me miran y me dicen: ‘Eso no existe’”, relató.
La destreza del equipo también se refleja en la capacidad de responder a pedidos de gran volumen. Entre los encargos hay asientos de cuero para restaurantes que requieren decenas de sillas elaboradas con el mismo cuidado artesanal.
Un oficio que busca nuevas generaciones
El taller está a cargo de Juan Carlos Fernández, con quien Carolina trabaja desde los comienzos de Sol & Luna. Una de las apuestas del equipo es lograr que el oficio de trabajar el cuero continúe vigente y atraiga a jóvenes interesados en aprenderlo.
La transmisión de esos conocimientos resulta fundamental para mantener una tradición que necesita tiempo, práctica y experiencia. En el taller, los artesanos aprenden a reconocer el material y a comprender sus particularidades, en lugar de depender de procesos industriales que uniforman el resultado.
La empresaria considera que la artesanía merece un lugar más destacado en el mundo del diseño. Tanto en Paraguay como en España, observa que muchas técnicas tradicionales corren el riesgo de quedar relegadas, a pesar de la calidad de los objetos que pueden producir.
“Siempre la artesanía fue como un arte de segunda. Lo que tenemos no lo sabemos apreciar”, reflexionó.
Su trabajo busca contribuir a cambiar esa percepción. Las piezas de Sol & Luna llegan a compradores que valoran la exclusividad, la elaboración manual y las pequeñas diferencias que hacen que un objeto no sea exactamente igual a otro.

Del descarte a un objeto de deseo
La elección del cuero también parte de una reflexión sobre el aprovechamiento de los recursos. En un país con una importante actividad ganadera como el nuestro, Carolina encontró una oportunidad para dar valor a una materia prima que puede transformarse mediante el tratamiento adecuado.
“La piel del animal se puede convertir en un objeto de deseo”, señaló. Para ella, la clave está en comprender que el material, una vez tratado y trabajado por manos expertas, puede tener una segunda vida en forma de bolsos, muebles, accesorios y piezas decorativas.
Carolina procura, además, que el público internacional conozca más sobre Paraguay. Cuando presenta sus colecciones, también muestra los procesos de elaboración y el trabajo de las personas que hacen posible cada creación.
La empresa se convierte, de esa manera, en una vitrina para el talento local. “Aporto mi granito de arena para hablar de Paraguay y de sus maravillas, y también de su gente”, expresó.

El desafío de llevar Paraguay al mundo
Sin embargo, la producción local convive con una dificultad que condiciona el crecimiento del negocio y es la logística. Al no tener salida directa al mar, los contenedores deben trasladarse desde Asunción hasta Montevideo para iniciar el recorrido marítimo hacia Europa. Desde Valencia, la mercadería continúa por carretera hasta Madrid.
Carolina recordó que al comienzo el traslado podía demorar alrededor de un mes. Actualmente, algunos envíos pueden tardar hasta tres meses, una situación que complica el cumplimiento de los pedidos y obliga a buscar alternativas. El transporte aéreo permite resolver ciertos compromisos, aunque eleva los costos.
En Paraguay, según contó, la marca también tiene presencia en proyectos puntuales de decoración. Uno de ellos es El Molinillo, en Distrito Perseverancia, donde las sillas fueron elaboradas por Sol & Luna.