Por Juan Riveros (@JuancitoRiveros)

Uno de los responsables del proyecto, el estudiante de ingeniería Eduardo Riveros, comentó a HOY que se trató de una iniciativa particular surgida con su compañero Alejandro Kubina. No formó parte de ningún trabajo académico, pero luego fueron incluyendo a otros estudiantes universitarios.

“Queríamos obtener datos de variables atmosféricas para la elaboración de cápsulas para sondas imprimibles en tecnología de impresión 3D. Nos inspiramos en nuestras ganas de investigar y de paso hacer algo que nunca antes se había hecho en el país, algo verdaderamente desafiante como enviar algo ‘cotidiano’ por así decirlo, al ‘espacio’. Queríamos demostrar que se podía hacer algo que cautive a los demás jóvenes y los inspire a investigar y experimentar en la ciencia espacial”, explicó Eduardo referente a la forma en que surgió la idea.

Asimismo, dijo que en realidad pensaron primeramente en “enviar al espacio” un mbejú, pero notaron que no podía ser posible por factores aerodinámicos. “Necesitábamos algo más rígido que soporte las condiciones adversas de las diferentes capas atmosféricas. Finalmente vimos que una chipa cumplía con estos requisitos al ser una carga más resistente entre otros factores”, indicó.

Una de las particularidades fue que la chipa fue donada por la señora Selva, quien tiene un comedor sobre la Avenida Mariscal López. Fue ella misma la que se ofreció a preparar el producto. Inicialmente los proyectistas contactaron con una chipería conocida para que puedan solventarles el proyecto a cambio de poner el logo de la empresa en la sonda, pero no obtuvieron respuesta favorable.

Cabe mencionar que la chipa no tenía ninguna sustancia particular, era un producto “normal y delicioso” elaborado por doña Selva. Además de esa chipa particular, doña Selva donó un canasto para el viaje de búsqueda de la sonda.

El proyecto en sí tuvo una duración de aproximadamente tres meses, entre el estudio, análisis y desarrollo. La sonda alcanzó 30,3 km de altura, en aproximadamente 3 horas de ascenso el jueves 16 de noviembre de 2017.

Con respecto a los resultados obtenidos, Eduardo indicó que lograron conseguir las variables y datos grabados por la sonda, para posteriormente desarrollar diseños y estructuras más óptimas para la elaboración de sondas en materiales impresos en tecnología de impresión 3D. “La chipa volvió prácticamente intacta, pero bastante solidificada por las temperaturas extremas a la cual fue expuesta”, resaltó.

“Como experiencia vivida durante nuestro proyecto tuvimos mucho apoyo y gratitud de parte de la gente y nuestros familiares, ya que la iniciativa fue sensación hasta en los países vecinos. Nos gustaría volver a ver proyectos como este, realizados por la nueva generación de jóvenes de nuestro país”, subrayó Riveros.

Otro partícipe del proyecto fue el señor Emilio Allende, quien con su equipamiento multimedia brindó una ayuda indispensable durante la búsqueda de la sonda.