Por Paz Godoy
El show comenzó con un relato sobre la infancia perdida de Camilo. “Fui víctima y victimario en el robo de mi infancia”, expresó en la narración que precedió a la primera canción, antes de dirigirse a sus hijas: “Pero descansen, mis hijas, que esa historia no es de ustedes”. El espectáculo en Asunción arrancó pasadas las 21:00, con un Camilo detrás de un telar blanco, que cayó con el coro de El Cisne y vimos al artista vestido de pijama, luego presentó El árbol y Vida de rico.
“Buenas noches, Paraguay. Buenas noches, Asunción. Buenas noches, tribu”, saludó Cami, agradecido por reencontrarse por tercera vez con su tribu paraguaya. “No saben lo felices que estamos, lo agradecidos que estamos. Paraguay, gracias por venir a pasar con nosotros un pedacito de su tiempo”, dijo. Señaló que el público navegaría en una noche de cuenta para “Cuando Sean Mayores” y relató que convertirse en padre le hizo dar cuenta de que el tiempo vuela y cantó una tema dedicado al paso del tiempo La nieve, y luego presentó El titiritero y Millones.
Camilo se reencontró con su público paraguayo. Foto: Cristobal Núñez / Nación Media
Cami contó que paternidad también lo enfrentó a un temor que antes no tenía que es a la muerte. Y antes de interpretar un tema que hizo para cuando el muera, que es El ángel, explicó que no siempre encuentra las palabras para expresar ese miedo y que la música se convirtió en su manera de imaginar cómo le gustaría permanecer en la memoria de sus niñas cuando ya no esté.
La emoción del show en Asunción continuó con La mitad, antes de dar paso a una historia de amor que tuvo a Evaluna como protagonista. Para presentar For Eva, Camilo compartió el cuento de un gato que se enamoró de la luna y dio un salto tan grande que consiguió alcanzarla; al encontrarse, ambos descubrieron que el amor. Entonces apareció Evaluna Montaner y juntos interpretaron La medalla, Por primera vez, y ella se despidió del escenario, con Camilo cantándole Luna, en uno de los segmentos más románticos de la noche.

La celebración del amor continuó con La boda, canción durante la cual dos parejas del público aprovecharon el concierto para protagonizar propuestas de matrimonio. Después llegaron El ruiseñor y La campana, que dio lugar a uno de los momentos más íntimos del espectáculo. Camilo habló de la diversidad de su tribu (nombre de su fandom) y propuso a los presentes conectarse con el creador desde sus propias creencias. Las luces se apagaron, incluso las del escenario, y el SND quedó envuelto en una atmósfera de casi religiosa.
Luego llegó la melancolía con El traje y Manos de tijera, dos canciones que llevaron el espectáculo hacia la nostalgia y el desamor. Sin embargo, la energía subió con Favorito, Tattoo, Una vida pasada y BEBÉ, temas que fueron coreados a todo pulmón por la tribu paraguaya.
Uno de los momentos más tiernos llegó con el regreso de Evaluna para interpretar Índigo. Padres e hijos se abrazaron y numerosas familias cantaron juntas, convirtiendo el Arena ueno SND en una gran celebración familiar. Pero la emoción también estuvo en los detalles que preparó el público. La Tribu Paraguay organizó un fan action con corazones de papel e instrucciones para acompañar distintas canciones: en algunos momentos, los asistentes debían levantar los corazones o formar con las manos el símbolo del club de fans; durante La medalla, iluminaron el recinto con las linternas de sus celulares cubiertas con papel celofán amarillo.

Para el el final, Camilo interpretó Chiquita, dedicada a su hija Amaranto, y cerró la noche con KESI, no sin antes despedirse con la promesa de regresar a Paraguay. El cariño hacia La Tribu paraguaya también se había manifestado antes del espectáculo, horas antes de subir al escenario, Cami compartió en sus redes sociales que había escrito y firmado a mano el setlist completo y escondió la hoja debajo de uno de los asientos del sector VIP para que la encontrara un fan.
En su tercera visita a suelo guaraní, después de sus presentaciones de 2023 y 2025, el colombiano dejó así una noche que fue más allá de sus éxitos: un cuento sobre crecer, amar, creer y aprender a valorar el tiempo compartido. ¡Gracias Camilo por tanto amor!
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