La historia parece de película, pero pasa en la vida real. El Uros-Z, un gigante de 107 metros de largo que jamás llegó a navegar oficialmente, volvió a hacer de las suyas.
Las potentes crecidas del río Paraná cortaron las soga que lo sujetaban al astillero y la fuerza del agua arrastró la estructura casi dos kilómetros. Ahora, el barco descansa varado justo frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros, totalmente a oscuras y sin luces de advertencia para los pescadores o lanchas de la zona.
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En la década de 1990 arrancó su construcción como un moderno buque para químicos, pero la empresa a cargo quebró y el Estado argentino tomó la propiedad.
Desde aquel entonces, la burocracia dejó al barco en un limbo total: nadie lo reclamó, no posee matrícula y ningún organismo oficial asume la responsabilidad de su custodia. De hecho, en 2018 la crecida ya lo soltó y la corriente lo paseó casi 60 kilómetros río abajo.
Pese al paso de los años y al óxido acumulado, la estructura todavía guarda elementos de gran valor, como motores costosos y bodegas de acero inoxidable. Sin embargo, mientras las autoridades se pasan la pelota una vez más, el “barco fantasma” continúa flotando a la deriva como un verdadero peligro para la navegación nocturna en el Paraná.
Vía INFOBAE
