En las últimas semanas, el nombre de San Miguel Arcángel cobró bastante notoriedad en Paraguay debido a la llegada de la conocida como “Espada de San Miguel”, cuyo arribo se produjo este viernes en el Aeropuerto Silvio Pettirossi.
La visita de esta reliquia a suelo paraguayo -considerada como un hecho histórico, al ser la primera vez que la misma sale de Italia– es propicia para hablar sobre un detalle ignorado por muchos en relación a esta figura angélica.
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El conocido como “Príncipe de la Milicia Celestial” no solo es relevante para el cristianismo (lo cual abarca a la Iglesia Católica y otras denominaciones) sino también para el islam y el judaísmo.
Las tres grandes religiones monoteístas abrahámicas comparten en sus respectivos credos al arcángel San Miguel, cuyo nombre en hebreo “Mijael” significa “¿Quién como Dios?”.
En el catolicismo y el cristianismo en general, San Miguel ocupa el cargo de “jefe de los ejércitos celestiales”, “príncipe y protector de la Iglesia y del pueblo de Dios”. Por su parte, en el judaísmo es considerado como “el gran defensor y príncipe guardián de Israel”. Para los que profesan el islam, Mika’il es uno de los ángeles principales, asociado con la misericordia divina, el sustento y las bendiciones para las criaturas.
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San Miguel aparece tanto en La Biblia, en libros como Daniel (10:13-21 y 12:1) o Apocalipsis (12:7-12), como también en el Corán (Surah Al-Baqarah 2:98), donde se le menciona junto al ángel Gabriel (Yibril).
Cabe mencionar que, aunque es respetado profundamente, el judaísmo prohíbe estrictamente su adoración o una oración dirigida a él u otros ángeles, mientras que en la religión islámica es reverenciado como arcángel mayor. Para los cristianos, posee un culto litúrgico activo, con devoción y patronazgos específicos.
