En una noche cargada de pura emoción y aplausos, el gran Carlos Franco, máximo referente e histórico ídolo del golf paraguayo, recibió un merecidísimo homenaje que hizo vibrar a todos. La fiesta tuvo un marco de lujo: la celebración por los 100 años del Asunción Golf Club (AGC), una institución centenaria que tiró la casa por la ventana con la presencia de socios, familias y delegaciones internacionales de Argentina y Brasil.

El máximo exponente del golf, no pudo ocultar la emoción al recordar sus inicios. Con el micrófono en mano y la humildad que lo caracteriza, emocionó a los presentes: “Agradezco a Dios por darme esta oportunidad de haber aprendido a jugar este hermoso deporte, con todas las dificultades que tuve en mi vida. Vengo de una familia humilde, sin tener nada. Y hoy en día estoy hablando con un micrófono delante de mucha gente”, expresó el campeón.

Y es que su historia es de esas que te llenan el espíritu: arrancó desde abajo, siendo caddie y usando ramas de árboles como palos cuando era un mitã’i, hasta llegar a la cima de Japón y la mismísima PGA Tour internacional.

La entrega de la condecoración fue en el marco de una fiesta chururu que se hizo en el AGC, donde estuvieron todos los capetos del clubs, los socios e invitados especiales.

En su discurso, Franco dedicó palabras de profundo agradecimiento a sus hermanos, primos e instructores que abrieron camino para los jóvenes amateurs de hoy, así como a dirigentes icónicos como el presidente del AGC y a su querida familia. ¡Un ejemplo de superación mbarete que demuestra que con fe, esfuerzo y humildad, ningún sueño es demasiado grande!