En conversación con Ñandutí, Gerardo Ávalos, jefe del Departamento de Necrópolis, sostuvo que el deterioro responde a la falta de visitas y de mantenimiento por parte de los usufructuarios.
El funcionario aclaró que, según la normativa vigente, la comuna solo se encarga del barrido de pasillos y espacios comunes, mientras que la preservación de la arquitectura y el aseo de los panteones corre por cuenta de cada concesionario.
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Para hacer frente a esta situación, la administración municipal implementó un sistema de apercibimiento: cuando detectan un panteón en mal estado, contactan directamente al propietario o, en su defecto, pegan un sticker de notificación en el mismo nicho.
Asimismo, Ávalos recordó que la regulación municipal prevé que, tras cinco años consecutivos de impago en las tasas de mantenimiento, el usufructo caduca y el sitio retorna formalmente a dominio municipal.
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