Después de un mes de juicio oral, la fiscal Sandra Ledesma logró demostrar la culpabilidad de un efectivo del Departamento de Criminalística de la Policía Nacional, condenado a 30 años de pena privativa de libertad por feminicidio.
El hombre asesinó a su joven novia de 18 años, de un certero disparo en el pecho, utilizando su arma reglamentaria y tratando de hacer creer a los intervinientes, que se trató de un suicidio.
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Desde un primer momento, el uniformado cayó en contradicciones e incoherencias en su relato. Además, con las características de la herida y la posición del cadáver se pudo determinar que fue un crimen.
El disparo no fue producido a corta distancia, según la autopsia y las pruebas de nitrito practicadas a las manos de la víctima y la del acusado demostraron que el disparo lo realizó el hombre.
Según la investigación, el asesinato se habría cometido por celos y también, luego de un largo periodo de violencia psicológica sobre la víctima.
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